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jueves, 5 de diciembre de 2019

A la edad de las ilusiones, 15 años, le diagnosticaron VIH-Sida

Claudia tenía el peso de su hermana Lucero, quien está a su lado, y es quien vela por su salud

Por José de la Paz Pérez

Cuando recién cumplía 15 años, la edad de las ilusiones, dicen, cuando muchos proyectos se vislumbraban en un futuro prometedor, a Claudia Morales todos esos sueños se le volvieron una lamentable pesadilla: le diagnosticaron VIH-Sida y, desde entonces, la vida le cambió radicalmente; comenzó un calvario, un camino cuesta arriba.
Hoy Claudia tiene 22 años de edad; ya pasaron 7 años desde aquel diagnóstico que nadie quisiera cargar sobre sus hombros; desde entonces ha perdido, 10, 20, 30 kilos… y lucha por recuperarse de esa segunda etapa de la enfermedad en la que hoy está para volver a la primera y no pasar a la tercera y llegar a la cuarta que es la muerte.
Luce muy delgada, como si ya no tuviera de dónde bajar más de peso aún. Hoy depende de una alimentación adecuada y de sus medicinas para buscar revertir su delicada situación; recién cayó grave al hospital y parecía que no volvía… pero volvió.
Volvió porque tiene una familia que la ayuda, una hermana incondicional, Lucero, quien ha dejado parte de sus ocupaciones para atenderla; volvió porque tiene por quién vivir, por quién luchar: un hermoso hijo que juguetea a su lado sin alcanzar a identificar la gravedad del problema.

EL MENSAJE

Claudia nos abrió las puertas de su casa y de su corazón. Aceptó hablar con los medios de comunicación y mostrarse tal cual luce, porque quiere enviar el mensaje a los jóvenes que aún están sanos: que se cuiden, que se protejan, que sean responsables en su sexualidad, porque una vez que esta enfermedad llega, todo cambia… para mal.
Hoy Claudia sólo recuerda que estudiaba la Preparatoria cuando fue diagnosticada; hoy ya no puede salir a caminar a la calle por su delicado estado de salud, porque puede ser presa de alguna otra enfermedad debido a las nulas defensas que tiene su cuerpo. 
Es decir, ya no puede, aunque quisiera, hacer su vida cotidiana.
Incluso, ha pensado en que la muerte es la única opción, ha pensado en dejar de luchar, pero sus familiares y amigos la impulsan a seguir con el tratamiento, a comer lo que le sugieren los médicos, y a tener conciencia de que su hijo la necesita.
Gabriel Soberanis, integrante del colectivo Guerrero Diverso, le da ánimos para seguir adelante; está al pendiente de su tratamiento, de su alimentación; recibe y transfiere apoyos para Claudia, quien vive actualmente en la casa de su abuelita.

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