Un día sin nosotras, y todos los días con nosotras - Revista Acapulco

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lunes, 9 de marzo de 2020

Un día sin nosotras, y todos los días con nosotras


Patricia Rumbo, Verónica Castrejón y Mari Trini Ponce (*)

El movimiento feminista no busca dominar, destituir, ni explotar a los hombres, ni a las mujeres, tampoco a los niños, niñas, animales y naturaleza.
Contrario al patriarcado y al capitalismo, la meta de la lucha de las mujeres no es restar privilegios, ni mantener débiles a otros grupos para conservar prerrogativas, como lo ha hecho el patriarcado, sino que la sociedades tengan bienestar sin discriminación.
Este día de la mujer reúne las protestas locales e internacionales, lo que socialmente no es aprobado: se ve bien que un trabajador haga huelga, pero no que una cuidadora, una mamá o mujeres colocadas en cualquier espacio privado y público dejen de cuidar a un anciano, dejen de lavar los platos y de cumplir las jornadas en casa y trabajo; es decir, que tengan un día de descanso y que manifiesten que son personas con los mismos derechos y necesidades que todos.
El periodismo tiene el deber de exponer todas las desigualdades; la más grande es la brecha de género.
Las mujeres de los medios y las organizaciones hemos puesto en la agenda gubernamental y social que la vida humana está instalada en los límites, que las políticas públicas y económicas del último siglo le declararon la guerra a los cuerpos y a los territorios vulnerables, y que la violencia no permite una vida vivible.
Las resistencias y uniones feministas representan una fórmula para superar la crisis económica, social, política y ecológica; las perspectivas de las mujeres consideran el reparto de recursos y de responsabilidad dentro de la igualdad, no del descanso para que otros se atareen.
Una huelga no dura un día, ni el concepto de huelga es apropiado; nos referimos a un cambio completo en las formas de existir y de ser personas, trabajadores, trabajadoras y gobernantes.
Sí, hay que pensar en huelgas cada día, de cuidados, de tareas domésticas e higiene, rompedoras de patrones femeninos y masculinos en casa, calle y oficina, difíciles, porque ahí incide mucho  la diferente valoración y la dimensión moral que se le ha dado al trabajo de las mujeres remunerado y no remunerado. 
Está bien visto que un trabajador haga huelga pero es inmoral que una mujer deje todas sus tareas para manifestarse, aún para salvar sus vidas. 
El feminicidio sigue evidenciando que el patriarcado prefiere matar a las mujeres que compartir una vida igualitaria.
Traerá buenos cambios hacer huelgas diarias de consumo, salidas masivas a la calle, de ocupaciones masivas del espacio público, para construir un movimiento aglutinador.
Traerá una buena vida para las mujeres que los hombres hagan una huelga de conductas machistas, violentas y patriarcales; que los gobiernos hagan una huelga de políticas desiguales, que los empresarios hagan una huelga de políticas laborales de explotación y acoso sexual en las empresas.
Los propietarios de los medios de comunicación, los jefes de información y los reporteros, por su parte, se deben a una huelga de lenguaje machista, invisibilizador de las mujeres, de víctimas y victimarios.
El tratamiento informativo de la violencia de género en pareja, motivo de las estadísticas de violencias contra las mujeres, sigue siendo un término publicado como “las mujeres mueren”, no “las mataron hombres”.
No es una huelga, es un cambio de paradigmas y de formas de coexistencia sin supremacías.

*Integrantes del Frente de Periodistas de Guerrero Juan R. Escudero AC (FREPEG-JRE)

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